Cities of translators „Te llega lo que te llega“
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„Te llega lo que te llega“

Fotos: Guadalupe Gaona

 

 

Timo Berger: Márgara, ¿qué estás traduciendo actualmente?

Márgara Averbach: Estoy traduciendo un libro académico sobre J. E. Rodó, crítico y ensayista uruguayo de principios del siglo XX. Es una biografía intelectual y el trabajo es para una editorial de Uruguay. Soy sincera: me gusta más traducir ficción y poesía que ensayo, pero es lo que me tocó en este caso. No es un libro difícil pero es largo y tiene notas al pie y demás. Lo bueno es que aprendo mucho sobre historia y literatura del Uruguay, temas que no manejo. La traducción siempre es así: una usa todo lo que sabe para hacerla y al mismo tiempo aprende muchísimo mientras traduce. 

 

 

Tradujiste bastantes libros para niños y jóvenes, ¿cómo te iniciaste en ello?

Perdón pero no. No sé por qué algunos me dicen eso: yo no traduzco especialmente libros para niños y jóvenes (LIJ). Para nada: de los muchos libros que traduje en mi vida, solamente unos veinte son de LIJ. Y la verdad es que no creo que se pueda elegir rubros de ese modo en traducción literaria, no en Argentina. Te llega lo que te llega. Yo no elegí particularmente LIJ y no la hubiera elegido si eso fuera posible. Me divierte hacerla porque como escritora, escribo libros para niños y jóvenes entre otras cosas, pero me interesa más la ficción literaria (no comercial) para adultos, sobre todo si es de los Estados Unidos porque como académica en Letras, yo me dedico a ese país.

 

 

 

¿Cuántos libros has traducido y de qué idiomas?

Traduje en total 81 libros para editoriales y también para cátedras de universidades: ficción, poesía, LIJ, académicos (de tipo humanidades, como el que estoy traduciendo ahora). En dos casos, también redacté el prólogo de la edición, porque eran parte de mi interés esencial: las obras de autores afroestadounidense y amerindios estadounidenses contemporáneos (los libros de Rita Dove y Simon Ortiz). También traduje otros de tipo técnico o científico. No sé si es mucho: no vivo solo de la traducción, soy también académica y escritora. En cuanto a idiomas, solo traduzco del inglés al castellano. Como digo en mi libro Traducción literaria: una escritura controlada, estoy convencida de que solo se puede traducir literaria con el idioma nativo como lengua meta, y aunque sé un poco de francés, no creo que lo maneje como para traducir realmente de ese idioma.

 

 

 

¿Cuál es tu rutina de traducción, cuándo empezás a trabaja? ¿Hay ciertas cosas que siempre necesitás?

Traduzco en una computadora de escritorio con teclado ergonómico (para mí, imprescindible). No tengo laptop ni la quiero. Si es ficción (la poesía es otra cosa), cuento las páginas que traduzco y trato de que sean más o menos cincuenta carillas por semana. No cuento por día porque hay días en que no hago nada (porque preparo clases, escribo, viene mi nieto y así) y otros en que traduzco muchas horas. No tolero el silencio, así que siempre está la radio encendida y no con música, sino con palabras. Radio AM, noticias. No me distrae, es como si lo tuviera de fondo, excepto cuando dicen algo que realmente me toca: ahí dejo de traducir y escucho. No sé cómo lo hago, pero sin voces humanas, no puedo hacer nada.  No me gustan las bibliotecas silenciosas, por ejemplo.

 

 

 

¿Qué te aporta Buenos Aires a la hora de traducir? ¿Se puede decir que Buenos Aires es una ciudad de la traducción?

La segunda pregunta, no puedo contestarla..., no sé suficiente de historia de la traducción en general. Sé que se traduce mucho literatura, pero no más. Pero Buenos Aires es mi ciudad y Buenos Aires también es un lenguaje, mi lenguaje meta. Yo traduzco indefectiblemente al lenguaje de Buenos Aires (aunque las editoriales crean que existe el supuesto castellano neutro). A pesar de que obedezco las reglas que me dan, la verdad es que el tono y el vocabulario de mi lengua meta son porteños porque yo lo soy (aunque vivo en el conurbano bonaerense). Por eso, me resultan molestas las traducciones al castellano de España o de México. Creo que habría que poner un corrector en cada lugar para argentinizar, mexicanizar, españolizar las traducciones literarias según el lugar. Yo hice ese trabajo alguna vez.

 

 

 

Se te ve en las fotos en un ambiente tan relajado... ¿Dónde está eso exactamente?

Yo vivo en una casa (no departamento) en Lomas de Zamora, al sur de la capital, pero el lugar que se ve no es ese sino la casa de fin de semana que fue de mis padres. Venimos todos los domingos del año y nos quedamos acá en verano.  Vivir en este lugar un tiempo por año es maravilloso para mí porque cuando dejo de traducir o escribir, tengo los pájaros, los ruidos de los árboles, el verde, las flores y el agua. En mi casa de Lomas, mucho más chiquita, hay árboles y pájaros pero todo es más urbano, incluyendo los ruidos.

 

Guadalupe Gaona. Foto: privado

Gadalupe Gaoina, nacida en Buenos Aires, es fotógrafa y poeta.  Estudió la licenciatura en Artes en la Universidad de Buenos Aires. Desde 2002, desarrolla proyectos artísticos  participando en muestras individuales y colectivas En 2009, publica Pozo de Aire (fotografía y poesía, Ed. Vox). En 2010, un jurado integrado por Martin Parr, Graciela Iturbide, entre otros, premia su trabajo fotográfico Quieta que es publicado por la editorial mexicana RM. En 2012, es invitada a participar de la Residencia para artistas y escritores en el Castello Torrigiani Malaspina Fosdinovo (Italia).

Trabajó como subeditora de fotografía en el diario Crítica y editora de la revista dominical C. Trabajó como editora fotográfica y fotógrafa en medios nacionales e internacionales (Rolling Stone, La Mano, El gráfico, Gatopardo, Lugares, Inrockuptibles, Internazionale, Soho, Kulturaustausch).

Actualmente trabaja en proyectos de cine y fotografía entre los que se destacan la  investigación de archivo de la exposición Leonardo Favio, (Casa del Bicentenario, Ministerio de Cultura de la Nación). Hace la foto fija en las películas  Jauja (Alonso, 2014), La idea de un lago (2016, Mumenthaler) adaptación de su libro Pozo de aire. Junto con Ignacio Masllorens, realizó la videoinstalación La intrusa, (Magia Negra, Fundación Osde, 2016) y el film documental Atlas (INCAA, Festival de Valdivia Lab, Festival distrital México Lab), en proceso de posproducción.

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Márgara Averbach es doctora en Letras, escritora literaria y traductora de inglés, recibida en el IES Lenguas Vivas J. R. Fernández, donde enseñó Traducción literaria más de treinta años. Tradujo novelas y poesía de autores como Lorrie Moore, Norman Rush, Barry Unsworth, Patricia Highsmith, Simon Ortiz, Bárbara Kingsolver y Siri Hustvedt. Publicó un manual de enseñanza de traducción literaria: Traducir literatura: una escritura controlada. Ganó el Premio Conosur de Traducción en 2007 por la traducción del libro The Business of Enlightement de R. Darnton. Ganó el Premio ALIJA a la mejor traducción infantil con Había una vez una vieja que se tragó una mosca gris en 2010. Ganó la beca de traducción de Casa Looren y viajó a Suiza en 2020, para traducir Thomas and Beulah de la poeta Rita Dove.